
Antes de escuchar un nuevo álbum de
Eivind Aarset, uno debe prepararse para la aventura. No es algo que uno pueda afrontar de pronto, sino que es necesario concienciarse, tenerlo bien planeado, en definitiva, dejarlo todo listo, como si uno fuese a emprender una larga expedición por algún recóndito lugar completamente desconocido y nunca antes visitado. No es este (ni ninguno de los previsamente editados por el noruego, los excelentes
Électronic noire,
Light extracts y
Connected) un álbum que pueda apreciarse como música de acompañamiento, sino que incluso debería implicar un cierto ritual antes de ser descubierto, cuidando cada detalle del proceso: retirar el envoltorio con suavidad, observar con atención todo el artwork, coger con delicadeza el CD y, finalmente, ponerlo en el reproductor y apretar “play”, pero sólo si antes nos hemos asegurado de que las condiciones para la escucha son...
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