
Cuando una saga llega a los diez volúmenes, especialmente si es una tan influyente y con tanta repercusión como
Brazilectro, se convierte en una institución en sí misma. Si sigue viva ocho años después de su creación, de la edición de
Brazilectro. Latin flavoured club tunes en el 2000, es porque ha logrado mantener un público fiel, una elevada cantidad de seguidores que se interesan por cada entrega, que siempre vuelven. Y claro, cuando esto se ha logrado, no es necesario variar nada, ni sorprender, ni ofrecer una nueva perspectiva. Basta con seguir proponiendo el mismo tipo de carátula (invariablemente, una imagen de Brasil, casi siempre del tipo “postal turística”) y, sobre todo, una similar selección de temas, pues mientras se lea la palabra mágica, “brazilectro”, la compilación tendrá su público. Lo que el consumidor quiere, y esto, por supuesto,
Ralf Zitzmann lo sabe, es escuchar el mismo tipo de música en...
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