
El 25 de Noviembre del 2003, tuvo lugar un acontecimiento para la historia del hip hop:
Jay-Z actuó en el Madison Square Garden. En efecto, era la primera vez que un MC actuaba en la conocida sala neoyorquina, hasta entonces reservada para estilos mayoritarios, para artistas de gran éxito. Este concierto, por tanto, se vendió como un hito para el hip hop, como la ruptura de una barrera más en pos de su popularidad, de su aceptación masiva. Bueno, al menos así es como lo quiso vender ‘Hova’, que se preocupó por presentarlo como un acontecimiento histórico para la cultura hip hop, como un evento que debía unir e interesar a todos los amantes del género. Así pues, no era
Jay-Z en el Madison Square Garden, sino el hip hop en el Madison Square Garden. Evidentemente, el prestigio y la popularidad asociada a un directo de esa magnitud se las llevaba él, pero fue astuto al conseguir implicar a toda la escena hip hop, en erigirse como representante del estilo. Con el paso del tiempo, este concierto pierde fuerza, pierde el carácter de hito, y el mismo
Jay-Z volvió a ese mismo escenario, pero a finales del 2003 fue un acontecimiento tan importante que incluso mereció ser inmortalizado en el film que nos ocupa:
Fade to black...
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