Tras dos atractivos álbumes lógicamente alabados por la crítica,
Strange World (The ACT Company, 2003) y
Minx (
Compost Records/
G Stone Recordings, 2006), además de un inmenso EP,
Une affaire de mode et de musique (
Compost Records, 2007), el responsable del proyecto
Marsmobil, el polifacético
Roberto Di Gioia, decidió que quería hacer un disco de pop. Una obra sencilla que rescatase lo mejor y más pegadizo del pop, el rock y la psicodelia de los 60, la música con la que, muy posiblemente, creció. Pero claro, tal cosa no era posible en el 2010, o no, al menos, para un músico como el italiano. No podía limitarse a crear pop cuando llevaba más de dos décadas colaborando con algunas de las más interesantes propuestas de escenas como la jazzística o la electrónica, coleccionando trabajos junto
Passport,
Peter Kruder,
Dave Holland,
DJ Hell,
Joe Lovano,
Till Brönner..., y un larguísimo etcétera. Por eso, cuando él mismo compuso, produjo e interpretó prácticamente todo lo que se escucha (tocó Mellotron, batería, bajo...
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