
En los 90,
The Prodigy fue una de las pocas propuestas de techno capaces de colocar un disco en el número uno de las listas de ventas, tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos, vendiendo varios millones de copias, y de obtener críticas unánimemente entusiastas.
The Fat Of The Land, su tercer álbum de estudio, fue también su tercer acierto consecutivo, pues repitió la asombrosa carrera comercial de los predecesores, y la crítica lo saludó como otra obra imprescindible de la escena electrónica. Puede que no fuese un álbum redondo como
Experience (
Elektra Records, 1992) o
Music For The Jilted Generation (
XL Recordings, 1994), que el calificativo de ‘obra maestra’ no fuese empleado con la misma frecuencia, pero sí es, en efecto, uno de los discos esenciales de la música electrónica de los 90. Por otra parte, más allá de su evidente valor artístico, de sus hallazgos creativos, esta tercera entrega de
Liam Howlett y compañía debe también apreciarse por su decisiva contribución a la hora de hacer de la electrónica...
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