Bajamos del tren en la estación de Bari. Desenfundamos el móvil y llamo a
Nicola Conte. Llamar al responsable de algunos de los álbumes que más hemos escuchado y más nos han marcado durante los últimos años nos es fácil, pero como
Ángela no habla italiano, me toca a mi pasar el trago. Mientras ella marca el número yo intento dominar mis nervios. Le digo que directamente me pase el móvil cuando ya esté llamando, que si no yo nunca me decido.
Nicola descuelga: “Pronto?”. Hola, soy
Santiago Tadeo, el español que quiere entrevistarte (en una conversación telefónica anterior me había pedido que le tuteara). Estoy ahora mismo es la estación. ¿Dónde quedamos?
Nicola nos da instrucciones muy precisas e innegociables. Tenemos que estar en diez minutos en un lugar llamado Pane e Pommodoro, situado en el paseo marítimo. Por un momento me siento como
Jack Bauer en un capítulo de 24, en un momento de máxima tensión, recibiendo órdenes del jefe de tácticas. Efectivamente, diez minutos y diez euros después (que es lo que vale el taxi), estamos en Pane e pommodoro, un encantador bar en plena playa, a escasísimos metros del mar. Al poco llega
Nicola. Nos presentamos y enseguida nos pregunta qué queremos tomar. Sin embargo, mientras yo estoy haciendo las veces de traductor para
Ángela y le pregunto qué quiere tomar, él ya ha pedido tres cafés...
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