El prestigioso Festival de Jazz de San Sebastián, el Jazzaldia, llega a su 40ª edición y lo celebra programando un cartel de lujo, repleto de estrellas, pero dando también cabida a interesantes nuevas propuestas que normalmente no figuran en festivales de jazz. Son pocos los festivales en los que puedes escuchar en directo a artistas consagrados como
Joe Cocker o
Keith Jarret y a nuevas formaciones como
Brazilian Girls o
Marlango. En Acid Jazz Hispano hemos querido estar presentes en tan importante Festival. Te lo contamos
Ángela y
Santiago, los reporteros más jazzeros, enviados especiales a San Sebastián.
22 DE JULIO. DIA 1:
20:00. Carpa Heineken. Blues en estado puro:
Tony Joe White, su guitarra y un batería como único acompañamiento. La carpa, demasiado pequeña para la cantidad de gente que quiere escuchar al maestro del blues. Por supuesto, no hay forma de sentarse, ni tan siquiera podemos ver a
Tony Joe como quisiéramos y, para colmo, hemos llegado demasiado tarde, de modo que sólo podemos escuchar un par de temas y un bis. Suficiente para disfrutar con un grande y para declarar inaugurado el Heineken 40. Jazzaldia de la mejor manera posible.
20:45. Escenario Frigo. La fiesta del jazz sigue con
La Big Band del 40º Aniversario, una interesantísima formación que, con sólo dos días de ensayos y bajo la dirección del saxofonista
Bob Sands, hace las delicias del numeroso público (de todas las edades) reunido frente al escenario. Un total de 16 músicos interpretando temas de grandes como
Count Basie y
Horace Silver (que
Bob Sands traduce repetidas veces como “Horacio Plata”).
22:00. Escenario Verde. Nada más terminar la Big Band, el espectáculo continua en este escenario, situado a menos de cien metros, en plena playa de Zurriola, magnífico lugar en el que poder disfrutar del jazz (eso sí, hay que hacerse a la idea de que se te llenen los zapatos/sandalias de arena).
Eric Burdon, que ha congregado a miles de espectadores, satisface a sus fans y los pone a bailar con un blues y un r&b magistral. Nosotros nos quedamos con una versión reggae del clásico
Don’t let me be misunderstud. El concierto está siendo estupendo y todos los que tenemos a nuestro alrededor están disfrutando mucho, pero tenemos dos palabras en la cabeza:
Maceo Parker.
00:45. Escenario Verde. El saxofonista estadounidense actúa en este mismo escenario, de modo que nada más finalizar el concierto de
Eric Burdon, vamos derechos hacia la primera fila. Sin embargo, como nosotros, otros muchos han pensado lo mismo, así que tenemos que conformarnos con la segunda fila: la playa es enorme, pero la zona cercana al escenario está completamente llena, apenas si hay sitio para sentarse a esperar. La actuación de
Maceo Parker empieza puntual (es de agradecer que la puntualidad sea una constante en todos los conciertos del Jazzaldia), con la aparición en el escenario de todos los miembros de la banda perfectamente trajeados. Los mayores aplausos se los llevan el guitarrista
Bruno Speight y el hijo del maestro,
Corey Parker. Empieza a sonar música, buen funk, muy bailable, pero falta un miembro de la banda por subir al escenario:
Maceo. El saxofonista se hace de rogar, apareciendo varios minutos después del comienzo del espectáculo, ante el estruendo del público.
Maceo Parker, vestido con un traje negro y con gafas de sol, camina hacia el centro del escenario, abre los brazos en cruz y contenta su ego dejándose aclamar durante casi un minuto. Sonríe, se quite las gafas, empuña su saxofón y comienza su clase magistral de funk y r&b.

Durante las dos horas y media que dura este inolvidable concierto (acabando después de las tres de la madrugada), repasa algunos de los mejores temas de su carrera y clásicos del funk, pero apenas si se detiene en los temas de su nuevo álbum,
School’s in. Esto último no deja de ser sintomático: sus álbumes ya no son referentes actuales del funk, ya no tienen la repercusión de sus grandes trabajos anteriores (
Roots revisited,
Mo’ roots…), pero en directo sigue siendo uno de los mejores. De ahí que en sus conciertos acudan fielmente amantes del funk, pero también seguidores poco dados a escuchar discos funk pero que consideran irresistibles sus prestaciones sobre el escenario. Pocas veces hemos presenciado una demostración de dominio como la vivida esa noche. Se nota que
Maceo y su banda (en total, nueve músicos) están acostumbrados a tocar juntos y se conocen al dedillo el repertorio, por lo que pueden hacer todo lo que se les ocurra, regalando improvisaciones dignas del mayor de los aplausos. Al saxofonista le basta con señalar a algunos de los músicos que le acompaña para que este sepa exactamente lo que tiene que hacer y en qué momento entrar: prodigioso. Además, el maestro, generoso, da la oportunidad de lucirse a la mayoría de ellos, puesto que todos tienen una asombrosa técnica, lo que les permite facturar magníficos solos. Los más aplaudidos, la sección de vientos (trompeta y trombón) y, por supuesto,
Bruno, a la guitarra. Ahora bien, la estrella de la noche es
Maceo Parker, que encandila al público, ya sea tocando su saxofón, cantando o, simplemente, bailando. Una vez más, su conexión con el público es ejemplar.