Minus 8.
ELYSIAN FIELDS.
Compost Records.
Ano: 2000.
Estilo: Jazz-house, Downbeat.
Gustará a...: los amantes de las compilaciones Chill-out, especialmente de las buenas compilaciones (
Hôtel Costes y compañía...); los que disfruten con la música ambiental y relajante, y sean poco exigentes con las melodías.
Elysian fields es el tercer álbum del Dj y productor suizo
Robert Jan Meyer, AKA
Minus 8. Además de ser el más celebrado de su discografía, es el más representativo del tipo de música que viene ofreciendo los últimos años: una música relajante, predominantemente atmosférica, que va creando espaciosos y calmados paisajes sonoros. En ciertos temas, recuerda a las composiciones del
Brian Eno de
Música para aeropuertos, sólo que con el añadido de percusión. Nada de estridencias ni bruscos cambios de ritmo o melodía. Frecuentemente, los temas son el desarrollo de una única melodía, acompañada de un mismo motivo rítmico. A
Minus 8 le interesa más la creación de un determinado ambiente que dejar para la posteridad memorables melodías. La estructura de los temas es la siguiente: una base rítmica, de percusión, enteramente electrónica, que sirve de base para unas melodías pausadas, de lento desarrollo, frecuentemente electrónicas, con la añadidura, en ciertos temas de instrumentos reales como el rhodes, el hammond, la guitarra o el saxofón. Lo que se escucha es una fusión de jazz-house, aunque con el predominio de los elementos jazzísticos.
Elysian fields es un álbum ideal para los días lluviosos, las tardes domésticas con tu pareja, para esa charla con los amigos en la que quieres demostrar que estás a la última en música, y tienes CD’s que ellos ni tan siquiera conocen, es esa música que le gusta a tu familiar menos melómano y completamente profano en músicas electrónicas. Es, en definitiva, un CD que no disgusta, pero que a pocos hará vibrar de pasión. Un CD que dejará indiferente a muchos y serán incomprendido por muchos más aún.
Elysian fields puede ser escuchado sin problemas de un tirón, sin aburrir, y que puede dejarse en modo repetición sin llegar a cansarte, ahora bien, no siempre pasa la prueba del fuego: la escucha atenta y activa. Como las mejores colonias, un álbum se la juega en las distancias cortas, cuando uno se centra en la escucha, con el listado de temas en mano. ¿Qué ocurre tras varias escuchas activas? Ocurre que uno tiene dos impresiones contradictorias, por un lado, uno se da cuenta de que hay muchos temas de excesivo parecido, sin rastro de brillantez o de innovación. Puro easy listening sin más. Pero también empieza a apreciar ciertos temas que sobresalen muy por encima de los demás, que elevan el álbum a la categoría de obra maestra, de referencia indispensable del género.
Tras cinco temas notables, los iniciales, relativamente similares (mismo concepto musical), con los que uno se hace una idea de por dónde va la cosa, llega el fenomenal tema
Mondo Bopp, el único que no ha sido compuesto por
Minus 8, sino que es una remezcla. Más que un tema, parecen dos, ya que, a los tres minutos, empieza a escucharse una nueva melodía, que acaba por reemplazar a la anterior. El efecto es el mismo de los Dj set, en los que un tema va desapareciendo a la par que otro va comenzando. Poco después, escuchamos el tema
Snowblind (incluido en
Hôtel Costes, Vol. 6, la compilación de
Stéphane Pompougnac), con una de las melodías más bellas de
Elysian Fields, que se beneficia de las aportaciones de
Tamas Szöllesy, al Rhodes y Hammond, y de la cantante
Billie, sublime, reforzando acertadamente la melodía. También sobresale el tema
Cold Fusion, nuevamente con la participación de
Billie, tan glacial como el título del tema, que describe muy bien su ambiente sonoro, la sensación que uno tiene de estar en un paraje inmenso, frío, pero al mismo tiempo, acogedor. En esta ocasión, es
Chris Wiesendanger quien se encarga del Rhodes/Hammond, con resultados muy satisfactorios.
Cold fusion es un tema diferente a todo lo escuchado anteriormente, y no me refiero a lo escuchado en este álbum. Una música con una marcada personalidad, que no acepta imitaciones: es, en definitiva, un fusión fría de gran música electro-acústica.
Por último, destacar el penúltimo tema,
Badman & Throbind, tan bueno como su ingenioso título, el más movido del álbum, en el que la cantante
Billie muestra todo el potencial de su voz.
Badman & Throbind es muy jazzístico, jazz-funk festivo, que recuerda a la música de los intermedios de los partidos de baloncesto (sólo por el ruido ambiente incluido como fondo), aunque pocas veces se escucha tan buena música en esos casos, porque entonces sería un gran aficionado al baloncesto. Y no puedo olvidarme de alabar el fantástico sólo al Rhodes de
Firat, que en sólo medio minuto de protagonismo absoluto demuestra tener un privilegiado sentido del ritmo. El álbum finaliza con
Sellafield, un simpático tema, superior a la media, con una de las melodías más interesantes, que incluye los scratches de
Le wax. Ahora bien, el intento de
Minus 8 de hacer una música no-bailable, relajante a toda costa, dowtempo, se le va un poco de las manos a la hora de producir un disco que pasa de la hora de duración. ¿Era realmente necesario incluir todos los temas?, ¿acaso 14 temas no son demasiados cuando se produce una música que ofrece pocas variaciones a través de los diferentes temas? Tengo la sensación de que el conjunto pierde parte de su eficacia y efectividad debido a una excesiva duración. No es que se haga largo, ya he comentado que se escucha de un tirón sin aburrir, pero uno tiene la impresión de estar recibiendo el mismo mensaje repetidas veces, de escuchar una música reiterativa, que no aporta nada nuevo hacia la mitad del álbum (aunque buena parte de los mejores temas lleguen a partir de ese momento). Esto deriva en una excesiva dificultad para diferenciar unos temas de otros (salvo que se esté muy pendiente, y con el track list delante), lo que repercute negativamente en el conjunto.
Eso sí, esto no debe tomarse como un obstáculo insalvable, que condene irremediablemente este álbum como un fracaso: en absoluto. Sí, hay poca variedad, pero, ¿es esto algo forzosamente negativo?, ¿no puede tratarse de un efecto buscado intencionadamente por el compositor? Puede que estemos tan acostumbrados a escuchar álbumes tan variados, que seamos incapaces de apreciar una música que profundiza en un solo estilo, en un misma estructura compositiva. No me cabe ninguna duda de que buena parte de la responsabilidad de este fenómeno la tiene la excesiva cantidad de compilaciones, que han habituado al oyente a escuchar, en el intervalo de una hora, múltiples estilos y sonoridades, algo que no tiene por qué ser el objetivo de un álbum de un solo autor.
Este es el track list del CD:
1. Elysian Fields. 4:33
2. Neverland. 5:26
3. Circles Blurring. 4:53
4. Breathe. 4:49
5. Driven. 4:23
6. Mondo Boppp. 5:34
7. Nonhuman. 1:20
8. Starstruck. 5:17
9. Snowblind. 6:16
10. Sarug & Terah. 4:24
11. Beyond Material. 5:22
12. Cold Fusion. 4:21
13. Badman & Throbin'. 4:57
14. Sellafield. 3:44
9/10
Escrito y publicado por
Santiago Tadeo Cervera.
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