Eddie Roberts & The Fire Eaters.
BOOGACLUB.
Granada, España.
Sábado 11 de Diciembre de 2010.

No pudo ser con
Speedometer ―el mal tiempo en Inglaterra le impidió volar hasta España―, pero sólo una semana después nos resarcimos nada menos que con
Eddie Roberts, especialmente conocido y apreciado por ser el creador y líder de
The New Mastersounds, una de las bandas esenciales de la escena funk/ soul internacional. Posiblemente
Boogaclub sea uno de los pocos clubs europeos que programan, dos sábados seguidos, actuaciones de dos de las propuestas más destacadas de la música negra contemporánea. En fin,
José Gustavo Cabrerizo, aka
Falconetti, e
Isidro Sánchez, aka
Sr. Lobezno, los responsables de la sala, ya nos tenían acostumbrados a esta generosa actividad concertística. Gracias a ellos pudimos asistir al estreno de
Eddie Roberts & The Fire Eaters, el nuevo proyecto del guitarrista galés, una formación británico-española completada por el teclista
Taz, el saxofonista y flautista
Chip Wickham, el bajista
Santi Martín y el batería
Javi Skunk. El conjunto ya ha grabado su álbum debut, que algún momento del 2011 debería editar el sello japonés P-Vine Records, pero esta fue, según dijo
Eddie Roberts, su primera actuación. Primicia internacional cortesía de
Boogaclub.
Conociendo la discografía como líder del guitarrista, cabía esperar un concierto estimulante e imprevisible, y eso es justo lo que escuchamos. Ahora bien, fue aún más aventurado de lo que pensaba, quizá justamente por tratarse del comienzo de un nuevo proyecto. Por otra parte, si la trayectoria en solitario de
Eddie Roberts se caracteriza por desarrollar su vertiente jazzística, la música que interpretó el quinteto fue, en cambio, más bien funky. Por supuesto, eso debe matizarse, porque fue también tremendamente variada, introduciendo elementos de rock, blues y jazz contemporáneo, pero fue ante todo un asunto funky. En cierto modo es lógico que así sea contando con la base rítmica de
The Sweet Vandals,
Santi Martín y
Javi Skunk, y sabiendo que el otro solista, compartiendo incluso protagonismo con
Eddie Roberts, es
Chip Wickham, que entre otras cosas, nos obsequió con un recomendable ―y funky― siete pulgadas en
Lovemonk,
Feelin’ Alright (2009).
Me gusta acudir a los conciertos conociendo bien la música que allí se va a interpretar, pues creo que así se aprecia mejor, pero en este caso, al tratarse de un nuevo repertorio todavía no editado, asistí a una sorpresa tras otra, y ese acabó por ser un aliciente más. Escuché largas piezas con nada evidentes desarrollos, solos bien combinados con pasajes de irresistible groove creado colectivamente. Que
Eddie Roberts es un gran intérprete ya lo sabía por sus discos, pero verlo en directo es un espectáculo. Despliega su conocido virtuosismo, pero sobre todo funciona como magnífico líder de grupo, como agitador para el resto de miembros. Basta una mirada al resto de integrantes, un mínimo gesto, su forma de llevar el ritmo con la pandereta..., para que la música cambie de dirección considerablemente. En cuanto a
Chip Wickham, aún no me había repuesto de su solo con la flauta para
Chocolate Chip, uno de los más inspirados temas de
Ten Years On (One Note, 2009), el sexto álbum de
The New Mastersounds. Pues bien, escucharle en este concierto fue la confirmación de que es uno de los talentos más desaprovechados de la escena. En fin, su currículum es ya muy notable, pero que su discografía en solitario se limite a un siete pulgadas es una pena que espero que se subsane pronto. Sus diálogos con
Eddie Roberts, sea interpretando sus saxos o la flauta, fueron uno de los grandes atractivos. Su nombre fue el más repetido por el guitarrista tras sus numerosos solos, y con razón.
Y luego está la sección rítmica. El teclista
Taz no gozó de mucho protagonismo, pero funcionó bien como contrapunto del dúo
Wickham-
Roberts. En cuanto a
Santi Martín y
Javi Skunk, ninguna sorpresa. Fueron la base rítmica de
Celofunk y llevan años siéndolo de
The Sweet Vandals, otro de los grupos de referencia en la escena funk, de modo que contar con ellos es una garantía.
Santi Martín posiblemente sea uno de los músicos que más relajado parece sobre un escenario ―otra cosa es que la procesión vaya por dentro―, y
Javi Skunk, además de que por poco deshace la batería de la energía desplegada, da la sensación de estar disfrutando más que ninguno. Su protagonismo es necesariamente menor, pero su aportación es imprescindible para la arquitectura de
The Fire Eaters, para que el resto construya sobre la rítmica sus atrevidos solos.
A tenor de lo escuchado en
Boogaclub, ya tenemos un disco a cuya edición estar atentos en el 2011.
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