Compilada por
Adrian Gibson.
MUSIC FOR JAZZ DANCERS.
Freestyle Records. (FSRCD074)
Edición: 31 Mayo
2010.
Estilo: Jazz-Vocal; Afro-Jazz; Jazz Latino; Nu-Bossa; Jazz-Brasil; Big Band; Nu-Jazz.
Interesará a…: los que quieran un punto de referencia para comenzar a explorar el jazzdance.

El jazz nació, ante todo, como una música popular festiva, pensada para ser bailada. Eso fue particularmente válido en su génesis, a finales del siglo XIX/ principios del XX, en Nueva Orleans, y evidente durante la década de los 30, con la explosión creativa y comercial del swing y las big bands. No obstante, en adelante el carácter bailable del jazz fue perdiendo fuerza, hasta convertirse en una vertiente marginal. No era ese el interés del cool de los 50, ni del free-jazz de los 60, ni de la fusión de los 70. Sí, el jazz-rock tomó parte de los patrones rítmicos del rock, pero prueba a bailar con
Bitches Brew (
Columbia Records, 1970), de
Miles Davis, por ejemplo. Y sí, también hubo un acercamiento a la música disco a finales de los 70, véase
Herbie Hancock, pero no es que esa música fuese especialmente bailable. Es sintomático que, en el Reino Unido, justamente a finales de los 70, naciese un movimiento denominado jazzdance, destino a recuperar, destacar y mostrar el carácter bailable de cierto tipo de jazz. Una escena asociada, sobre todo, al jazz-fusión, como alternativa al northern soul predominante. Esa es la prueba evidente de que el jazz y la música de baile habían seguido caminos bien distintos. ¿Os imagináis que alguna vez fuese necesario que se crease un movimiento, en alguna parte del mundo, que tratase de reivindicar el house, el drum & bass o el techno como músicas que deben sonar en los clubs? Ahora una premisa así suena a delirio, pero si alguien hubiese hecho esa misma pregunta, referida al jazz, en los salones de baile de principios de los 30, se hubieran reído de él.
El tímido arranque a finales de los 70 experimentó un auge de popularidad a mediados de lo 80, en lugares como Electric Ballroom o Dingwalls (donde, los domingos por la tarde,
Patrick Forge y
Gilles Peterson empezaban a ser conocidos). Fue el preludio del acid jazz, nacido a finales de los 80, en muchos casos en esas mismas salas, y que acabó sustituyendo al movimiento jazzdance. También, aunque no como evolución directa, fue un punto de partida para el nu-jazz de los 90, dado que ambas escenas comparten la voluntad de hacer del jazz una música que vuelva a sonar en las pistas. Curiosamente, tan influyente corriente apenas si había sido documentada y valorada durante las dos décadas siguientes, de modo que sólo puntuales iniciativas recordaron su importancia. En España
Javi Bayo impulsó Danzz, ambicioso y añorado evento mensual para el que incluso se trajo a los bailarines de Jazz Co Tech. El ya inactivo sello británico
Ether Records propuso en el 2006 la compilación
Sunday Afternoon At Dingwalls, apropiadamente compilada por
Patrick Forge y
Gilles Peterson. En el 2009,
Mark Cotgrove, aka
Snowboy, presentó finalmente su esforzado libro
From Jazz Funk and Fusion to Acid Jazz, minucioso repaso del fenómeno, desde el proto-jazzdance hasta la llegada del sucesor, el acid jazz. Entre tanto,
Adrian Gibson, director de
Freestyle Records, y
DJ Perry Louis, líder de Jazz Co Tech, llevaban más de una década al frente del club Messin’ Around, dedicado, entre otras cosas, a mantener viva la esencial del jazzdance.
Music For Jazz Dancers, compilada por
Adrian Gibson, pretendía ser un reflejo de la música que se escuchaba en el evento, que por entonces cumplía ya catorce años.
El jazzdance ha adquirido, para algunos críticos y publicaciones, el estatus de estilo, de modo que se puede leer, en el apartado de estilos correspondientes a un disco, “jazzdance”, así como su variante “jazz-club”. No obstante, ese es un uso que me cuesta compartir, pues más que un estilo es un paraguas que agrupa tantos tipos distintos de música que resulta confuso. Se utiliza tanto para una obra de jazz electrónico como para una pieza de hard-bop, de modo que comprendo que un melómano interesado por el fenómeno no sepa muy bien a qué atenerse. Prefiero considerarlo como una serie de características estéticas, de las que, lógicamente, la principal es que el patrón rítmico resulte bailable según los cánones contemporáneos. De hecho,
Music For Jazz Dancers evidencia precisamente la diversidad del movimiento, la que constituyó una de sus principales virtudes: abrazar cualquier manifestación musical que resultase bailable, sin importar que fuese el jazz-funk de
Roy Ayers, el hip hop de
A Tribe Called Quest, o el R&B de
Soul II Soul. Y me he limitado a ejemplos extraídos de
Sunday Afternoon At Dingwalls, porque incluía también descargas latinas, batucadas o el más intelectual post-bop. Eso lo refleja excepcionalmente bien la selección de
Adrian Gibson, pues el jazzdance lo encontramos en piezas de big band, de jazz brasileiro, jazz-vocal, afro-jazz, nu-jazz... Lo encontramos en temas grabados varias décadas antes, o sólo meses antes. Y el apartado de piezas contemporáneas es revelador, pues tenemos una propuesta británica (
Colman Brothers), otra alemana (
The Hi-Fly Orchestra) y una japonesa (
M-Swift). Siguiendo con la heterogeneidad, los dos primeros conjuntos proponen música enteramente orgánica, mientras el tercero,
M-Swift, no duda en emplear electrónica. En definitiva, al jazzdance se llega de muchas maneras y, sobre todo, ha llegado a todos los rincones musicales del mundo, se ha colado en múltiples estilos y ha influido decisivamente en todo tipo de creadores. Este recopilatorio lo prueba y, además, provoca que sintamos pena por no poder disfrutar de una escena jazzdance contemporánea algo más activa, pues una programación así sería fabulosa. En fin, un aplauso de nuestra parte para
Freestyle Records,
Adrian Gibson y todos aquellos que lo intentaron o lo siguen haciendo.
Por otra parte, si has disfrutado con
Music For Jazz Dancers el placer no tiene por qué acabar aquí. Por lo pronto, puedes interesarte por el catálogo de dos sellos para los que el jazzdance es una de sus principales influencias:
Schema Records y
Ricky-Tick Records. Si no tienes bastante, puedes seguir con los siete pulgadas de Jazz Dance Series, del sello alemán
Tramp Records; propuestas como
Milano Jazz Dance Combo o
Ray Harris (ambas en
Record Kicks); la escena japonesa, con
Soil & Pimp Sessions como grupo más visible pero en ningún caso único; la saga
Jazz Juice, de
Gilles Peterson; las compilaciones de
Kei Kobayashi; la trilogía
Explorations Into Dancefloor Jazz, del sello estadounidense
Ubiquity Records; y ciertas propuestas de nu-jazz, como
Koop,
Kyoto Jazz Massive,
Marc Moulin,
Metropolitan Jazz Affair,
Native…
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Este es el tracklist del CD:
1. Cherokee.
Peter Hebolzheimers Rhythm Combination And Brass feat. Dianne Reeves. 5:55
2. Kon Bjab Djigidi.
Mario Canonge. 7:03
3. Alevacolareia.
Fernando Gelbard. 5:38
4. A Child Runs Free.
Primo & The Groupe. 4:22
5. Sem Amor (Big Band Original).
Colman Brothers. 3.46
6. Samba Torto.
Marcos Ariel. 8:58
7. Youbetchalife.
Pete Cater Big Ban. 5:00
8. Free Hands.
Brian Lynch Eddie Palmieri Project. 6:51
9. Nebulosa.
Kenichiro Nishihara. 3:21
10. Hi-Fly Stomp.
The Hi-Fly Orchestra. 3:20
11. La Fayette.
Semuta. 4:45
12. Café Bahia.
M-Swift Presents 24 Carat. 5:55
9/10
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