
El 43 Heineken Jazzaldia, esto es, la edición del 2008 del Festival de Jazz De San Sebastián, es la más ambiciosa de todas aquellas a las que he asistido, y probablemente sea la más ambiciosa de la historia del festival, porque cada año aumenta la oferta y la autoexigencia de la organización. No sólo hubo más conciertos que en la edición del 2007, sino que las propuestas fueron más diversas y atrevidas que nunca, sin que eso supusiese una merma en la habitual cuota de nombres bien conocidos. El cartel, como siempre, era como para reservar alojamiento en San Sebastián el día mismo de su publicación:
Keith Jarrett,
Gary Peacock y
Jack DeJonette;
Frank Wess;
Lokua Kanza,
Gerald Toto y
Richard Bona;
Maceo Parker;
David Murray;
Dianne Reeves;
Diana Krall;
Steve Coleman;
Pink Martini;
Marc Ribot;
Bobby McFerrin;
Ahmad Jamal;
Return To Forever (
Chick Corea,
Stanley Clarke,
Al Di Meola y
Lenny White);
Benjamin Biolay;
Anthony Braxton;
Kenny Barron;
Liza Minelli;
Jean Luc Ponty;
Bugge Wesseltoft,
Soft Machine Legacy… Impresiona, ¿verdad?
Además de esta profusión de ilustres del jazz, entre otros estilos, el Heineken Jazzaldia reservó buena parte de su programación a propuestas menos conocidas, a descubrimientos de diversas partes del mundo y, cómo no, a la saludable presencia de grupos locales. Además, se atrevió con una noche blanca, una gaubira, o, lo que es lo mismo, más de 12 horas ininterrumpidas de oferta cultural, sobre todo musical, pero no sólo. El cartel era tan atractivo y tan variado como para cansarse antes incluso de llegar, pero claro, precisamente por eso saqué fuerzas para resistir seis días en los que se van acumulando las hora de sueño perdidas. En fin, todo sea por una gran edición que a continuación os relato. Antes de entrar en materia, eso sí, vaya por delante mi felicitación al dire,
Miguel Martín, a todas esas personas cuyo nombre no se conoce pero que son esenciales para que el festival funcione y, cómo no, a todos los artistas y grupos que participaron, incluyendo los de la noche de micro abierto.
Día 1 - 22 de Julio de 2008. 22.280 espectadores.
La programación del Jazzaldia es abrumadora. Son tantas y tan buenas las propuestas que elegir es una tarea cada vez más complicada y sacrificar conciertos es algo extremadamente doloroso. En otras ediciones, al menos, el primer día ofrece un respiro, porque no se ponen en marcha todos los escenarios y la programación no es tan amplia, pero este año la organización empieza a pleno rendimiento desde el primer día, de modo que en la toma de contacto ya hay que elegir. Además, el cartel impresiona, pues una de las mayores atracciones de esta edición, el trío formado por
Keith Jarrett,
Gary Peacock y
Jack DeJonette, abre la programación. Yo opto, como todos los años (por razones artísticas, pero, sobre todo, presupuestarias), por un cartel alternativo, por la cara minoritaria del festival.
20:00h. Escenario Verde: Caravan Palace. 3.000 espectadores.

Este grupo francés tiene previsto editar un disco a finales del 2008, en el potente sello francés
Wagram Music, de modo que será una de las ediciones a tener en cuenta. Pues bien, tras escuchar el primero de los dos conciertos que ofreció en el 43 Heineken Jazzaldia, estoy convencido de que va a ser una de las revelaciones del 2008, una de las propuestas más destacadas del año.
Caravan Palace no es un gran grupo que vaya a revolucionar ninguna escena, ni a innovar, ni a ofrecer una visión personal de la música, pero sí es de los conjuntos que crean afición, que llevan a los amantes de la música a hacer ese gesto tan hermoso que es comprar un disco. No sé cómo se va a titular ese disco de debut, ni qué temas contendrá, pero estoy seguro de que será un éxito, que funcionará comercialmente (siempre dentro de los límites de los estilos minoritarios, claro está, pues no alcanzará ventas millonarias).
Caravan Palace fusiona swing a lo ‘años 30’, guitarras rascadas a lo
Django Reindhart, ritmos balcánicos a lo
Goran Bregovic y electrónica, mucha electrónica de baile. La mayor parte de los temas se construyen a partir de una mezcla de melodías interpretadas por instrumentos reales (dos guitarras, clarinete, violín eléctrico y acústico, contrabajo eléctrico y tromón) y beats que ya venían grabados, y la mezcla estuvo impecablemente sincronizada. Fue un concierto pensado para el baile, con la omnipresencia de beats programados y más de un momento enteramente electrónico, entre house y technoide. Se puede reprochar a
Caravan Palace que los temas fuesen un tanto repetitivos, que casi todos siguiesen el mismo esquema, pero funcionaron muy bien, pusieron a bailar a casi toda la playa. Además, el violinista,
Hughes Payen, es un espectáculo, y la vocalista,
Cyrille-Aimée Daudel, tiene muy buena voz y una gran presencia escénica. Creo que lo escuchado es como la versión en directo de un disco de
Gabin o
NoJazz, esto es, jazz electrónico bailable.
Ver biografía de Caravan Palace.
21:30h. Espacio Frigo: Frank Wess & Barcelona Jazz Orchestra. 2.800 espectadores.
Frank Wess es un veterano en esto del jazz. Lleva tantos años que casi nadie le conoce, y me refiero a amantes del jazz. Parece que uno ya se ha acostumbrado a su discreta presencia. En la rueda de prensa, por la mañana, se resalta su larga trayectoria (ha tocado con
Count Basie, por ejemplo), pero los allí congregados, entre los que me incluyo, no tenemos ni idea de qué ha hecho antes. Al escenario sube como estrella invitada de la
Barcelona Jazz Orchestra, una sólida formación bien conjuntada y con solistas de mérito. A pesar de que tarda varios minutos en llegar a la silla reservada para él, que camina ayudado por un bastón y que su vista le impide ver la partitura, musicalmente hablando conserva (casi) intacta su energía y su lirismo es una maravilla. Puede que su cuerpo, debido a su edad, esté muy deteriorado o que hable con un inaudible hilo de voz, pero en lo que mejor sabe hacer, que es tocar el saxo alto y la flauta, sigue en plena forma. Improvisa con la soltura y aparente facilidad que dan varias décadas en el oficio, pero es que también se atreve con los pasajes más rítmicos y frenéticos. En fin, no debería ser necesario precisarlo, pero
Frank Wess sigue subiendo a los escenarios porque sigue perfectamente capacitado para agradar a los aficionados del jazz. El repertorio lo compusieron una serie de clásicos de la era dorada de las big bands, incluyendo varias composiciones de
Wess. Estimable concierto.
Ver biografía de Frank Wess.
23:00h. Escenario Verde: Toto Bona Lokua. 5.500 espectadores.

El concierto más visto del día reunió a tres destacados artistas de esa difusa escena que es la música tradicional africana que se interpreta en occidente por artistas africanos que incorporan influencias occidentales. El congoleño
Lokua Kanza, el antillano
Gerald Toto y el camerunés
Richard Bona, el más conocido de los tres (seguramente por su residencia en Nueva York), grabaron en el 2004, para el pequeño sello francés
No Format, el disco
Toto Bona Lokua. Inicialmente, debía tratarse de un proyecto discográfico, pero el buen recibimiendo reservado al álbum, impulsado por el boca oreja, prácticamente les ha obligado a reunirse, cuatro años después, para emprender una gira mundial. Interpretaron casi todos los temas del disco y sin apenas introducir variaciones. No fue una propuesta osada, ni muy valiente, sólo efectiva y sencilla.
Lokua Kanza parecía estar ahí en cuerpo pero no en mente,
Richard Bona se limitó a facturar un par de solos marca de la casa (esos que siempre arrancan aplausos) y sólo
Gerald Toto le puso ganas y hasta entusiasmo al asunto. Además, se quedó solito para interpretar una pieza compuesta por él, una pieza convencional pero que hizo entretenida por sus constantes muecas, su tono agudo y un inesperado parón para exigir que el público cantase el pegadizo estribillo. En definitiva, una actuación intrascendente, muy por debajo de lo que se espera de estos tres talentosos artistas (y no digamos ya de su unión), pero que encantó a la mayor parte del público a juzgar por sus sonrisas.
Ver biografía de Richard Bona.
Ver biografía de Gerald Toto.
Ver biografía de Lokua Kanza.
Escrito y publicado por
Santiago Tadeo Cervera.
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