Alfonso Carlos Santisteban, habitualmente conocido por el más escueto nombre de
Alfonso Santisteban, es un compositor, arreglista, pianista, productor y director de orquesta español, de Madrid. Es uno de los creadores más importantes de música popular en España de la segunda mitad del siglo XX, aunque tuvo que esperar prácticamente hasta finales de los 90 para ver su talento ampliamente reconocido. Por supuesto, los melómanos con buen gusto ya conocían muy bien el interés de su música desde finales de los 60, momento en el que gozó de mayor libertad para desarrollar sus más personales composiciones, pero ese era un grupo muy reducido en la época. En cierto modo, es comprensible que así ocurriese, pues a
Santisteban se le asociaba con la música facilona, ligera, que por entonces no se apreciaba mucho, por ser el compositor de las sintonías de populares programas de televisión y películas, sobre todo españolas, de dudosa calidad artística. En Italia hubiera compuesto para algunas maravillas de comedia a la italiana, pero en España como mucho podía aspirar a musicar un film mínimamente bien hecho, pero fácilmente olvidable. Por otra parte, durante el tardo-franquismo, lo que la mayor parte de jóvenes asociaban con música interesante era la canción protesta de cantautores como
Juan Manuel Serrat o
Lluis Llach, de modo que
Santisteban resultaba hortera, para viejos conservadores. Por supuesto, era un juicio terriblemente injusto, pero en los 70, su década de mayor producción, era difícil disociar música de política e ideología. En los 80, con la llegada de la movida, sus composiciones no gozaron precisamente de mucha popularidad, por no decir que fueron sistemáticamente obviadas. Afortunadamente, la buena música se acaba imponiendo, y desde los 90 su figura volvió a reivindicarse y su música a recuperarse en cuidadas reediciones. Era sólo el comienzo.
Alfonso Santisteban es uno de los compositores más estimulantes de los 60 y 70, alguien que, en un país con más cultura musical que España, y que valorase más a sus creadores, sería considerado uno de los grandes sin ninguna duda. Pertenece al selecto grupo de geniales y versátiles compositores que integran grandes como
Enio Morricone,
Henry Mancini,
Esquivel,
João Gilberto,
Vinícius De Moraes o
Piero Piccioni, artistas asociados a la escena easy listening/ lounge pero que, en sus álbumes y bandas sonoras, demostraron el alcance de su música.
Santisteban no goza, ni mucho menos, del reconocimiento internacional de estos cuatro, pero posiblemente sea el más sorprendente y estilísticamente osado. Sí, su música bebe directamente del lounge, de la música ligera, pero sus inquietudes le llevaron mucho más lejos. Enamorado de la bossa nova, compuso maravillosas piezas del estilo, o bien manteniéndose exquisitamente fiel, o bien reinterpretándola y personalizándola de un modo asombrosamente creativo. De hecho, posiblemente esta última característica sea una constante de su obra, pues también se interesó por el jazz, por el pop, por el funk/soul, por la psicodelia, por la música para cine, por la copla…, pero siempre a su manera, de tal modo que sus piezas no se ajustaban exactamente a un solo estilo, sino a una atrevida fusión que en él siempre sonaba natural, como el proceso más corriente posible. Lo suyo era easy listening a la
Santisteban, con muchos ‘dabadabadás’ y ‘lalalás’, pero a la
Santisteban. En fin, que sin apartarse mucho de su estilo compositivo, creó algunos de los temas más interesantes de jazz europeo, piezas de groove que derriten a los amantes del género, álbumes inmortales y bandas sonoras excelentes para films que, por norma general, no estaban a la altura. Paradójicamente, algunas de sus composiciones sonaron en piezas audiovisuales muy conocidas, de modo que era uno de los músicos más escuchados y, al mismo tiempo, uno de los menos valorados y conocidos. Con la llegada del tercer milenio, iba siendo redescubierto, el reconocimiento le llegó en vida, que ya es algo, pero todavía era necesario derribar fuertes prejuicios antes de que su arte fuese apreciado como se merecía.
Nacido en Madrid, el 28 de Junio de 1943, él mismo contó cómo eran los veranos de su infancia en una simpática reseña para el diario El Mundo: “para mí, el verano significaba no ir al colegio y jugar a las chapas o las canicas en el Retiro. La ventaja de nuestra casa es que tenía una terraza muy grande, llena de flores –rosas, geranios, buganvillas...–. Pasábamos la mañana allí y con la manguera y el traje de baño puesto nos empapábamos. Después echábamos el toldo, comíamos y a dormir la siesta, que en casa era obligatoria –por suerte, porque así adopté la costumbre que todavía tengo–. Tomábamos la merienda, pan con chocolate, y a eso de las siete bajábamos al parque”. Estudió el bachillerato y el pre-universitario en el colegio de la Sagrada familia. Decidió dedicarse a la música tras abandonar el primer curso de ingeniería industrial. En el conservatorio de Madrid fue donde realizó sus primeros estudios de solfeo y piano, completando su formación en harmonía, contrapunto, fuga y composición por libre, bajo la dirección de
Mauricio Ruiz. Así resume su dedicación a la música: “soy músico profesional desde 1961. He compuesto cientos de canciones de encargo para cantantes de todo tipo, desde
Lola Flores a
Bambino, más de cien bandas sonoras para películas de los años 70, música para series de televisión, representaciones teatrales y de revista... pero lo cierto es que sólo he disfrutado realmente cuando he tenido libertad creativa total. Mucho de esto aparece reflejado en mi libro ‘El mundo del espectáculo y la madre que lo parió’, que levantó algunas ampollas”. En efecto, compuso música para más de un centenar de films, …) sobre todo españoles, también alguno italiano, para series de TVE (La Barraca, Cañas y Barro, Sonatas…), para obras de teatro, para anuncios, para espectáculos de variedades, para programas de televisión (Aplauso, Bla, Bla, Bla, Sobremesa, Blanco y Negro, Noche…)…, así como un centenar de canciones para diversos cantantes. Fue también director de orquesta, pues dirigió formaciones como la
Orquestra Sinfónica de Madrid, la
Sinfónica ligera de RTVE,
The Big Bang Jazz Orquestra, la
Sinfónica de la radio y televisión italiana, la
Filarmónica de Puerto Rico, la
Filarmónica de Los Ángeles y la
Master Camerata Orchestra de Hollywood.
En lo que respecta a su discografía, es autor de álbumes clave como
Bossa ’68 (Sintonía, 1968 ),
Flamenco pop (Sintonía, 1969) o
Sabor a fresa (Belter, 1971), LPs cuyas ediciones originales son cotizados y casi inencontrables objetos de coleccionista. A esto se suman varios singles que son buscadísimas joyas, algo del todo comprensible. A finales de los 90,
Subterfuge Records, a través de su marca Música para un guateque sideral, inició una serie de reediciones y recopilatorios dedicados a su obra:
Sintonías de TV (1998 ),
Jazz natural (1999),
El callejón de los sueños perdidos (2000),
Verano del 72 (2002) y, finalmente,
Café Ipanema (2003). En el caso de la mayor parte de los temas, era la primera vez que se podían escuchar en formato CD. En julio del 2009,
Vampisoul presentó la reedición de
Sabor a fresa, con la inclusión de un tema extra y unas interesantes notas de
Ximo Bonet.
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+ info: crítica de su discografía:
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Nilo Espinosa,
Toco,
Esperanza Spalding,
Lizzy Parks,
Alcohol Jazz,
Penélope y Carlo y
Racalmuto.
Discográficas:
Subterfuge Records.
Vampisoul.
Referencias con temas de
Alfonso Santisteban:
Listados:
Bossa Nova;
Jazz-Brasil;
Jazz-Pop;
Lounge.