The Sweet Vandals.
BOOGACLUB.
Granada, España.
Sábado 22 de Octubre de 2011.

Del 4 al 9 de Octubre del 2011,
Boogaclub se convirtió en el epicentro de la escena negra Europea al ofrecer una asombrosa programación de directos.
Frank T Y La Tostadora Sound Corporation,
The Bongolian,
Al Supersonic And The Teenagers,
Speedometer y
Red Soul Community fueron las cinco propuestas que se subieron al escenario para celebrar el décimo aniversario de
Afrodisia, sala hermana (mayor) de
Boogaclub. Sin embargo, no acabó ahí un Octubre rico en ofertas tentadoras, dado que sólo días después, el sábado 22 de Octubre, volvió al club una vieja conocida: la banda madrileña
The Sweet Vandals. Si uno piensa en las propuestas más destacadas de la escena funk-soul durante la primera década del siglo XXI, entonces es muy posible que le vengan a la mente
The New Mastersounds,
The Quantic Soul Orchestra,
The Bamboos y, cómo no,
Sharon Jones & The Dap Kings, pero en esa lista difícilmente faltará el conjunto que se presentó en sociedad con un espléndido álbum debut homónimo, publicado por
Unique Records en el 2007.
Entré en
Boogaclub preparado para escuchar a una de las mejores bandas en materia de funk-soul, de modo que quizá lo más urgente sea afirmar que esa es justo la impresión que tuve una vez terminada la actuación. El conjunto interpretó, sobre todo, los temas de su tercer álbum,
So Clear (
Unique Records, 2011), y además de lógica fue una buena opción, dado que ese repertorio permitió apreciar su considerable evolución en algo más de seis años de trayectoria. El que tocó el sábado en Granada ya no fue sólo ese conjunto que deslumbró con su impecablemente ejecutado ejercicio de estilo deep-funk. Ni siquiera fue ya un grupo al que le representase la etiqueta ‘revival deep-funk’. Fue bastante más que eso.
The Sweet Vandals todavía podía poner la maquinaria en funcionamiento y desplegar enérgicas dosis de funk sucio, crudo y definitivamente retro, pero ese fue sólo uno de sus muchos registros, y ni siquiera el principal. El cambio de dirección es evidente en
So Clear, pero lo fue también sobre el escenario.
El funk sigue siendo uno de sus estilos predilectos, no va a cambiar de identidad tan radicalmente, pero
The Sweet Vandals se adentra en territorio soul con idéntico talento. Uno de los mejores momentos de la noche lo deparó la interpretación de la balada
I Love You More Than Words Can Say, una composición de dos clásicos,
Eddie Floyd y
Booker T. Jones, que los amantes de la música negra recordarán por la inmortal versión de
Otis Redding. Pues bien, el quinteto se la llevó a su terreno y la vocalista,
Mayka Edjole, nos regaló una deliciosa interpretación. Ni siquiera necesitaba amplificar su voz con el micrófono constantemente. En unos minutos logró poner la sala en silencio, captó nuestra atención prácticamente con el volumen de su voz. No fue el único medio tiempo de soul, registro menos agradecido en un concierto, pero todos resultaron convincentes y, al menos en mi caso, bienvenidos. A juzgar por los aplausos, la mía no fue una opinión aislada.
Ahora bien,
The Sweet Vandals sigue siendo un grupo vitamínico que tiene entre sus objetivos prioritarios invitar al baile, cosa que consigue cada vez que se lo propone.
Mayka Edjole, además de brillante vocalista, es una excelente maestra de ceremonias, lógico dado que el escenario llevaba años siendo su segunda residencia. Con
Change hasta nos puso a todos a cantar ordenadamente cual directora de un (inexperto) coro. Lo mismo ocurre con la sección rítmica, el bajista
Santi Martín, el batería
Javier Gómez y el guitarrista
Jose Herranz, que tocan frente al público con la misma naturalidad que si estuvieran en el salón de su casa. Y luego está
Santi Vallejo ―tercer organista del grupo tras
Carlo Coupé y
Julián Maeso―, multi-instrumentista al que antes sólo había escuchado en el segundo álbum de la banda,
Love Lite (
Unique Records, 2009), que fue una de las gratas sorpresas de la noche. Fue este cuarteto instrumental el responsable de otro de los momentos más memorables del concierto:
Tiger. En el disco son cuatro minutos de funk uptempo de espíritu rockero. El sábado fueron muchos minutos más de delirio, con la mayoría de los asistentes bailando con un entusiasmo que rara vez he visto. Yo mismo me sorprendí imitándoles como si hubiera perdido el sentido del ridículo: he ahí el poder de la música.
Dado que no podéis asistir al concierto aquí reseñado por evidentes motivos, este artículo sólo puede servir para recomendaros que, si os gusta el funk-soul y tenéis la posibilidad, acudáis al próximo concierto de
The Sweet Vandals. Yo hace tiempo que no me lo pasaba tan bien en un directo.
+ info: crítica de su discografía:
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Ver biografía de The Sweet Vandals.
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